Sol: necesario y beneficioso para la salud

La exposición del ser humano al sol ha sido algo natural con lo que ha convivido desde el inicio de su evolución. Nuestro origen como especie se sitúa en la franja ecuatorial de África. Allí se seleccionaron nuestros genes, en un contexto en el que vivíamos en la naturaleza y con una exposición solar alta. Ante este escenario, desarrollamos una piel oscura como forma de protección de la luz solar. Posteriormente migramos a otras latitudes del planeta y cuanto más lejos de la línea ecuatorial, más se fue aclarando nuestra piel para poder absorber más radiación. La selección natural generó esas mutaciones para ante un contexto de menor radiación solar poder absorberla de manera más eficiente. Este tipo de adaptaciones ante presiones ambientales solo se generan si son necesarias para garantizar nuestra supervivencia y reproducción. Por tanto, mirando al pasado podemos pensar que el sol debe esconder grandes beneficios para la salud humana.

ESCENARIO ACTUAL

En muchas ocasiones la mirada sobre un determinado aspecto que afecta a nuestra salud es demasiado simplista o reduccionista. Con respecto al sol las recomendaciones oficiales actuales son: hay que tener cuidado con la exposición solar. Los mensajes han calado en la sociedad y parece que se ha asumido que el sol es peligroso, un factor de riesgo para desarrollar cáncer. Cuanta menos exposición mejor, para evitar el cáncer, el envejecimiento y los problemas de piel. Esto conduce a que una gran parte de la sociedad evite el sol, se exponga siempre con una extensa capa de crema protectora o tapado totalmente con ropa. Como veremos a continuación, evitarlo no es la mejor opción para minimizar los riesgos de enfermar. El objetivo no es evitar el sol a toda costa, es aprender a hacer un uso responsable y consciente.

EL PROBLEMA NO ES EL PROBLEMA

El problema no es el sol, el problema es cómo nos relacionamos con el sol. Nuestros antepasados vivían en un entorno natural, al aire libre, con una exposición gradual al sol según las épocas del año. En la actualidad, pasamos la mayoría de nuestro tiempo en lugares cerrados. Vivimos en casas, trabajamos en oficinas, nos desplazamos en coches, hacemos ejercicio en gimnasios y nuestra vida social la desarrollamos en bares o recintos cerrados. Aquí es donde radica un doble problema que sufrimos en la actualidad:

  1. Nuestra piel no está adaptada a la radiación solar. Por tanto, es mucho más frágil y susceptible de sufrir daños y desarrollar patologías.
  2. La mayoría de la población sufre un déficit de vitamina D. Esto viene determinado principalmente por la falta de exposición al sol.

Es importante entender que con el sol, tanto el exceso como el defecto son igual de perjudiciales para nuestra salud.

  • ADAPTACIÓN DE LA PIEL: El problema del exceso de sol viene dado por las quemaduras de la piel, lo cual hay que evitar a toda costa. El mayor riesgo para sufrirlas, es una piel que lleva 11 meses encerrada y que al llegar el verano se ve sometida a una dosis de ocho horas diarias de sol en la playa. ¿Estará adaptada?, ¿Es esto bueno? Rotundamente no. Este mismo problema lo encontramos si tienes una piel clara y viajas a países donde el sol es mucho más fuerte que en tu lugar de origen. Las exposiciones solares cuando la piel no está adaptada es un factor de riesgo para desarrollar un cáncer de piel. Esto es perfectamente evitable si buscamos y procuramos tener una exposición al sol durante la mayor parte del año. Para eso, hay que pasar más tiempo al aire libre, en la naturaleza y siempre con la menor cantidad de ropa posible. El segundo aspecto a tener en cuenta, es que cuando nuestra piel se empieza a enrojecer, hemos recibido nuestra máxima dosis de sol saludable. Cuidando estos dos puntos, nuestra piel cada vez estará mejor preparada para la radiación solar. Siendo así, el sol no es un peligro para nuestra salud, lo transformamos en un aliado.
  • LA CARENCIA DE SOL SÍ ES UN PROBLEMA. El sol es nuestra principal fuente de vitamina D. La forma activa de vitamina D3 en nuestro organismo influye en más de 2000 genes y regula muchos procesos celulares. La carencia de vitamina D es un factor de riesgo de sufrir un gran número de patologías y problemas de salud: osteoporosis, dolores musculares, problemas cardiovasculares, hipertensión, diabetes tipo II, enfermedades autoinmunes, infecciones, depresión, problemas neurodegenerativos o varios tipos de cáncer, entre otros. Actualmente, la carencia de vitamina D está generalizada. Por tanto, tenemos que hacer un uso responsable del sol y concienciarnos de que cierta cantidad de sol diaria es necesaria. Esta variará según las épocas del año, las latitudes y el tipo de piel. Dentro de los numerosos factores del estilo de vida que influyen en la salud, el sol es uno de ellos, solo hay que usarlo a nuestro favor.

RECOMENDACIONES PARA OBTENER LOS BENEFICIOS Y MINIMIZAR LOS RIESGOS

  • Tomar el sol durante todo el año. No solo la semana en la playa de vacaciones. Así mantendrás unos buenos niveles de vitamina D. De paso mejorarás la melanina de tu piel, su protección natural y capacidad de tolerancia a la radiación solar.
  • Evitar las quemaduras. Prioriza exposiciones breves y repetidas antes que muchas horas tostándote bajo del sol. Cuando tu piel comience a ponerse roja has tenido suficiente. No llegar nunca a quemarse.
  • Ten en cuenta tu piel. Las personas con piel clara necesitan mucha menos exposición al sol para absorber suficiente vitamina D. Las personas con piel oscura necesitan más tiempo para conseguir los mismos niveles. En cualquier caso, escucha y mira tu piel. Como decíamos arriba, el punto de cada uno lo marca el comienzo del enrojecimiento.
  • Evita el uso de cremas solares. Contienen gran cantidad de ingredientes perjudiciales para la salud. Evitan las quemaduras, por lo que puedes pasar mucho más tiempo de exposición solar. Pero muchos estudios sugieren que no evitan todos los posibles daños de la radiación ultravioleta. Además, muchos de ellos bloquean la producción de vitamina D (uno de los principales beneficios del sol). Tu mejor protector solar, es una exposición continua y gradual. Si tienes que pasar más tiempo bajo el sol, alterna pequeñas exposiciones con periodos de estar a la sombra.
  • No uses bronceadores artificiales. Los centros o camas de bronceado son altamente peligrosos. Tienen un espectro de rayos UVA hasta 10-15 veces mayor que el sol de mediodía. En cambio, tienen igual o menor cantidad de UVB y síntesis de vitamina D, lo cual aumenta los riesgos de posibilidad de desarrollar un melanoma.
  • Mayor precaución al tomar el sol en una latitud a la que tu piel no está adaptada. Si viajas o vives en una latitud diferente a tu origen, probablemente tomar el sol no sea algo natural. Por ejemplo, un europeo en África o Australia debe ser mucho más cauteloso en cuanto al tiempo de exposición solar y protegerse con ropa.
  • Cuida lo que comes. Una alimentación antiinflamatoria, rica en antioxidantes como licopenos, betacarotenos, astaxantina y alimentos ricos en omega 3 protege contra los daños del sol.

La salud depende de nuestro estilo de vida y son múltiples los factores que influyen en ella. Si quieres aprender a manejarlos, en Ecosistema Kai te acompañamos para que los integres y utilices a tu favor.