Tu insulina te puede hacer engordar este verano

El síndrome de resistencia a la insulina (SRI), está detrás del llamado síndrome metabólico que se caracteriza por reunir 3 de los siguientes 5 factores: obesidad, hipertensión (o tomar fármacos para la tensión), diabetes (o estar tomando fármacos para regular la glucosa) o una HbA1c por encima de 6-6’5, triglicéridos mayores de 150 y un HDL por debajo de 35 en hombres o 40 en mujeres. En la resistencia a la insulina los tejidos muestran una respuesta reducida a la insulina. Esto requiere un aumento de la síntesis de insulina por parte del páncreas que resulta en hiperinsulinemia. Una hiperinsulinemia mantenida en el tiempo acaba agotando la capacidad de las células beta pancreáticas para producir insulina. Este mecanismo acaba conduciendo a la diabetes. La obesidad está relacionada con la resistencia a la insulina y a su vez el SRI es una de las principales causas de mortalidad en el mundo.

En 1962 James Neel propuso la teoría del Genotipo Ahorrador. Su hipótesis mantiene que ese genotipo ahorrativo ayudó a nuestra supervivencia como especie atravesando períodos de “festín y hambruna”. Es decir, que en los períodos de abundancia de alimentos el ser humano utilizaba una resistencia a la insulina fisiológica para acumular grasa. Esta grasa le permitiría sobrevivir con mayor éxito en las épocas de hambruna. La historia de la humanidad nos muestra que las poblaciones han sufrido grandes períodos de escasez de alimentos. Ante tales condiciones parece coherente asegurarse la disponibilidad de alimentos y que estos fueran altamente calóricos para proveer mayor energía. Sin embargo, esta búsqueda de alimentos se veía acompañada de una alta actividad física para obtenerlos.

Claramente este no es el contexto de vida actual. Los períodos de hambruna no suceden a los de festín, y los de festín no requieren de una gran demanda física para conseguirlos. Es decir, en la actualidad podemos tener un amplio acceso a alimentos con una vida sedentaria. Esta falta de actividad física favorece el SRI, la pérdida de tejido muscular y el acumulo de grasa corporal. Esto da pie a teorías más recientes sobre el síndrome metabólico. La grasa acumulada produce sustancias proinflamatorias y genera una activación del sistema inmunológico. La activación crónica del mismo genera un descenso en el reparto energético al resto de sistemas del organismo. Esto incluye al cerebro. Un cerebro carente de energía promueve conductas de ahorro energético, entre otras, no moverse. Su otra estrategia será buscar alimentos altamente calóricos, en un intento de que le llegue más energía. Estos alimentos suelen ser ricos en azúcares y grasas. Combinación que podemos obtener fácilmente consumiendo procesados y casi sin necesidad de movernos. Y aquí tenemos el círculo vicioso que retroalimenta el problema y conduce a la enfermedad. Alta ingesta calórica mantenida y falta de actividad física.

Pues bien, parece ser que en el verano se favorece una resistencia a la insulina fisiológica. Podemos entender que nuestros genes ahorradores ante el buen tiempo y mayor luz solar interpreten que es época de abundancia de alimentos (como las frutas, que eran de temporada). Es decir, es momento de acumular para sobrevivir al crudo invierno. Pero hemos visto que esta grasa puede activar el sistema inmunológico de manera crónica y desregular toda nuestra fisiología. Sobre todo como luego no venga un invierno de grandes carencias (como suele ser el caso en nuestra sociedad).

En resumen, bajo una perspectiva evolutiva y de nuestros genes ahorradores parece ser normal coger algunos “kilillos” en verano. Ahora bien, la idea del post no es que pienses: mis genes me apoyan en que engorde este verano…¡Voy a ello!. El escenario ha cambiado y en el mundo en el que vivimos quizás esto no sea una buena estrategia. Por tanto, en el siguiente post, hablaremos sobre algunas estrategias para disfrutar del verano, minimizando la ganancia de peso y sobre todo de grasa. ¡La operación salud empieza este verano!