Escucha activa y razonamiento clínico: dos pasos previos al tratamiento de fisioterapia

La terapia manual es un campo dentro de la fisioterapia de gran efectividad para el tratamiento de dolores y disfunciones neuromusculoesqueléticas. Es decir, dolores o problemas físicos que tengan su origen en una estructura del sistema nervioso (como raíces nerviosas de la columna o nervios periféricos), musculares y tejidos blandos (como ligamentos o tendones), o de cualquier articulación del cuerpo.

Sin embargo, la terapia manual es un arte que como cualquier disciplina artística requiere de formación, dedicación, experiencia y muchos años de práctica para desarrollar entre otras cosas un buen ojo clínico. Todo esto se ve reforzado si el terapeuta tiene un buen método de diagnóstico y trabajo en su práctica clínica. Además, saber establecer el origen del problema es fundamental ya que en muchas ocasiones los pacientes acuden a nosotros directamente, sin un diagnóstico médico previo.

En esta línea y estableciendo una comparación, un tratamiento de terapia manual es como un baile a dos, entre terapeuta y paciente, en el que ambas partes son fundamentales. El proceso comunicativo es la música del baile, y el terapeuta acompaña y guía en los pasos, pero las dos personas tienen un papel activo. Este baile constará de diferentes fases pero en todas ellas el proceso comunicativo es la base sobre la que se construirá la mejora/solución del problema.

Por este motivo y para obtener el resultado esperado, el terapeuta debe ser un especialista, un profesional que domine el arte de la exploración, el diagnóstico y el tratamiento pero también de la pregunta y la escucha activa.

Fases de una sesión de terapia manual

Una sesión efectiva de terapia manual basada en el razonamiento clínico debe constar de las siguientes partes:

  1. El terapeuta debe realizar una exploración subjetiva en la que recoge información acerca del paciente y su historia clínica. Esta información obtenida nos da muchas pistas para decidir el tratamiento más apropiado, siendo clave el proceso de comunicación entre el terapeuta y el paciente. El objetivo es obtener la información suficiente sobre los síntomas para poder planificar una exploración física efectiva y segura.

Es importante resaltar que la localización de los síntomas no siempre identifica la estructura afectada, ya que su origen puede estar en una estructura alejada. Por ejemplo, ante un dolor del pie o la rodilla, el origen puede estar en la columna lumbar. En otras ocasiones, el dolor puede estar originado en una víscera o no seguir una distribución anatómica clara, lo cual orientaría el tratamiento en otra dirección.

Existen otros factores que nos ayudarán a guiar el diagnóstico y posterior tratamiento: la calidad, intensidad y profundidad del dolor, si los síntomas son constantes o intermitentes, los factores que agravan y alivian el dolor, si aumentan más por la mañana o al final del día, la gravedad e irritabilidad de los síntomas y las preguntas especiales que descarten problemas graves que marcarían la contraindicación del tratamiento y la necesidad de derivación a otro especialista.

A partir de la información obtenida durante la exploración subjetiva, el terapeuta decide qué pruebas son necesarias en la exploración física con el objetivo de confirmar la hipótesis planteada sobre el origen del problema.

La obtención de información detallada sobre todos estos elementos, nos aportan signos evidentes que se pueden utilizar para reevaluar la efectividad del tratamiento.

  1. Posteriormente el terapeuta realiza una exploración física u objetiva, con el fin de determinar qué estructuras o factores son los responsables de los síntomas del paciente. Es una extensión de la exploración subjetiva, en la que se buscan signos de confirmación de las hipótesis sobre el origen del problema.

La observación de la postura, los tejidos, la morfología muscular o la marcha puede aportar datos de gran importancia. A través de pruebas de movilidad articular activas y pasivas el terapeuta busca datos objetivables que expliquen el origen del problema. En otras ocasiones serán necesarios test musculares, neurológicos o explorar la movilidad del sistema nervioso mediante pruebas neurodinámicas. Con todas ellas se busca descartar o confirmar las hipótesis elaboradas sobre la causa que justifique el motivo de consulta del paciente.

Una vez realizada la exploración subjetiva y la exploración física, las piezas del puzzle deberían encajar y el terapeuta habrá obtenido suficiente información sobre:

  • El origen de los síntomas o disfunción, es decir, las estructuras a corregir.
  • Los factores que están contribuyendo a mantener el trastorno, ya sean físicos, biomecánicos, emocionales, de creencias o socioambientales.
  • Las precauciones o contraindicaciones en el tratamiento.
  • El pronóstico o tiempo aproximado de recuperación.
  • El plan de tratamiento a seguir para conseguir solventar el problema.
  1. Una vez constatados el origen de los síntomas, las estructuras y/o factores implicados, el terapeuta realiza el tratamiento adecuado con el fin de corregir la disfunción. A través de los signos encontrados, tanto en la exploración subjetiva como física, puede reevaluar y confirmar que el tratamiento está siendo el correcto. En todo momento, la presentación clínica de los síntomas del paciente debe guiar el tratamiento y esto se ve reforzado por el conocimiento teórico, y no al revés.

Remarcar que para que el tratamiento sea efectivo son claves los puntos 1 y 2 anteriormente descritos, sin ellos el terapeuta se convierte en un mero aplicador de técnicas cuya eficacia será muy limitada. Cuando la hipótesis del origen del problema es correcta y se acompaña del tratamiento adecuado, la terapia manual es una especialidad que genera cambios visibles y objetivos en cada sesión de tratamiento.

En Ecosistema Kai somos especialistas en terapia manual. Si tienes cualquier tipo de dolor o limitación de movilidad ponte en contacto con nosotros y te acompañaremos en el proceso de solventar tu problema.