Movimiento: el regulador de nuestra salud

ESCENARIO EVOLUTIVO Y PROBLEMA ACTUAL

En la historia evolutiva del ser humano el movimiento ha sido una necesidad y parte de la búsqueda de soluciones a nuestros problemas (hambre, sed, frío, etc.). Nuestros genes se seleccionaron en una época en la que unas buenas capacidades físicas marcaban la diferencia entre vivir o morir. Caminar 20 kilómetros era algo natural para conseguir alimento o agua. Correr, saltar o trepar un árbol eran necesarios para huir de depredadores. En esta línea observamos que hasta la revolución industrial la mayoría de nuestros trabajos también tenían un requerimiento físico grande y hasta hace pocas generaciones el movimiento constante formaba parte de las labores cotidianas (cortar leña, trabajar la tierra, lavar la ropa, etc.).

En cambio, en la actualidad prácticamente podemos tener todas nuestras necesidades básicas cubiertas sin ningún esfuerzo físico. Podemos ir a comprar en coche, el agua sale de un grifo y el frío se soluciona encendiendo la calefacción. A esto le sumamos que gran parte de los trabajos actuales se realizan sentados en una silla. Este escenario, nos predispone a tener una vida sedentaria, lo cual pone al organismo en modo proinflamatorio.

Nuestros genes interpretan la ausencia de actividad física con enfermedad y peligro, ya que evolutivamente el que no se movía estaba mucho más cerca de morir. Esto último también ha cambiado, los avances médicos han logrado que hasta sin movimiento podamos mantenernos con vida. Sin embargo, nuestros genes interpretan la ausencia de movimiento como enfermedad y no con un estado saludable. La falta de ejercicio está asociada a diversos problemas de salud. Desde tensiones musculares y dolores articulares a enfermedades crónicas como el síndrome metabólico (hipertensión, colesterol y triglicéridos elevados, obesidad, diabetes tipo II). Además, por la falta de uso, vamos perdiendo nuestras capacidades físicas en cuanto a movilidad, equilibrio, fuerza, resistencia, o flexibilidad.

LA SOLUCIÓN

Tenemos a nuestra disposición una herramienta poderosa que regula el sistema neuroendocrino, mejora las capacidades cognitivas y cerebrales, el sistema cardiorrespiratorio, el sistema músculo-esquelético, el funcionamiento del aparato digestivo y la respuesta del sistema inmunológico. Además, cambia nuestro programa de proinflamatorio a antiinflamatorio. Esta herramienta es la actividad física.

El estilo de vida y el uso, son los que marcan nuestras habilidades y capacidades físicas. Lo importante es moverse y tener una vida activa, integrando pequeñas rutinas diarias: caminar o ir en bicicleta como medio de locomoción, subir y bajar escaleras sustituyendo a ascensores y no pasar más de 45 minutos sentados sin levantarse y moverse un poco. Estas pequeñas acciones tienen un impacto positivo muy grande en la salud y deberían ser la base de nuestra vida diaria.

Pero, ¿debemos quedarnos en lo mínimos?, ¿es esto lo natural en el ser humano?. Nuestra visión es que el cuerpo puede y debe enfrentarse a muchos más desafíos que simplemente caminar. Los desafíos mejoran progresivamente las capacidades físicas y la salud. Para ello, hay que incluir ejercicios de fuerza y de alta intensidad. Estos deben realizarse con un programa adaptado y progresivo. Pero debemos incluirlos en nuestra actividad semanal si queremos que el ejercicio nos reporte todos los beneficios que mencionábamos antes.

La actividad física es la mejor medicina que tenemos a nuestra disposición. Si quieres aprender a utilizarla de una manera eficiente, en Ecosistema Kai analizamos tus necesidades y diseñamos un plan específico para que optimices los beneficios del tiempo que le dedicas.

Recuerda que nuestro cuerpo está conformado para moverse, no para la vida sedentaria. El objetivo es que disfrutes de un cuerpo que vive en movimiento, sin dolor y con buenas capacidades físicas. Ese será tu mejor seguro de vida.

Preparados, listos, ya…¡A moverse!